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violencia escolar y bullying

Actualidad: Reportajes

Violencia escolar y bullying: dos fenómenos a la orden del día

Un estudio realizado por el Centro Reina Sofía analiza la violencia en las aulas escolares.

Esther Riobó
Redacción Aprendemas
Octubre de 2005 Imprimir Enviar a un amigo Descargar

El problema de la violencia en las aulas escolares, un asunto del que ya venimos oyendo hablar desde hace algún tiempo, es un tema cuando menos preocupante, sobre todo si tenemos en cuenta el siguiente dato: en España, el 2,1% de las mujeres comprendidas en la banda de edad de los 15 a los 64 años sufre maltrato por parte de su pareja. Pues bien, entre los escolares de 12 a 16 años, el 2,5% sufre acoso por parte de un compañero. Tal es el dato que José Sanmartín, director del Centro Reina Sofía, menciona con preocupación manifiesta en el prefacio del informe que dicha institución ha elaborado bajo el título “Violencia entre compañeros en la escuela”, en colaboración con la empresa demoscópica Metra-Seis.

El estudio se ha basado en una encuesta realizada por el Centro Reina Sofía y cumplimentada por medio de entrevistas telefónicas con ayuda de soporte informático. En total, se compone de 32 preguntas divididas en tres secciones: testigo, víctima y agresor. De esta forma, se ha querido obtener una visión del problema desde la perspectiva de las distintas partes implicadas. El número de entrevistados asciende a 800, todos ellos adolescentes entre 12 y 16 años de ambos sexos, escolarizados y residentes de derecho en territorio nacional.

Violencia escolar

Una vez establecida la definición general de violencia como todo acto u omisión intencionada con el fin de causar alguna clase de daño a personas, animales u objetos, el informe define algunos otros tipos más específicos de violencia (doméstica, política, económica, etc.) para acabar centrándose en la violencia escolar, entendida como la que se da en el ámbito de la escuela, y su forma más grave, el acoso o bullying.

Algunas de las conclusiones recogidas en el informe resultan ciertamente dignas de atención. De cada cien alumnos entre 12 y 16 años, setenta y cinco han sido testigos de algún acto de violencia escolar; quince han sido víctimas y de éstas, ocho de cada diez ha sufrido maltrato emocional y siete maltrato físico. Seis de cada diez han sufrido varios tipos de violencia simultáneamente. Lo curioso es que los agresores no se suelen autopercibir como tales; más bien piensan que se defienden de agresiones o provocaciones de sus víctimas. En el caso de la violencia escolar en general, tanto las víctimas como los agresores suelen ser chicos, algo que curiosamente no ocurre con el acoso, figura en que la mayor parte de las víctimas son chicas.

Otra de las diferencias existentes entre las víctimas de acoso y las de violencia escolar en general, es que las primeras se autodefinen de forma más negativa que las segundas. La proporción de víctimas que guarda la llamada “ley del silencio” es baja en ambos casos, pero aún más en el acoso. Así, mientras que entre los que sufren violencia un 18,1% decide no contarlo a nadie, entre los afectados por el acoso esta cifra desciende hasta los 10 puntos porcentuales.

Acoso escolar (bullying)

El término “acoso” no es baladí, ya que si por violencia escolar se entiende cualquier tipo de violencia que se dé en el contexto escolar contra alumnos, profesores o propiedades, el acoso escolar o bullying implica un factor repetitivo que desemboca en auténtico hostigamiento, provocando la exclusión social de la víctima. Algunos datos significativos sobre el acoso contenidos en este estudio: del total de víctimas de violencia escolar, el 17,2% sufre acoso (un 2,5% sobre el total de encuestados); de éstos, el 45% sufre violencia por parte de más de un agresor. El tipo de maltrato que recibe la víctima es mayoritariamente emocional (90%) seguido del físico (70% de los casos). Sólo en un 5% de las ocasiones consiste en actos de vandalismo. Como nota importante, el 60% de las víctimas de acoso sufre más de un tipo de maltrato. Entre las victimas de violencia escolar en general, este porcentaje se reduce hasta el 35,3%.

El perfil de las víctimas de acoso, según refleja el informe, son chicas (65% de los casos) de nacionalidad española (95%) y de 13 años de edad (el 40%). Es interesante observar que la proporción de víctimas que se auto-califican de solitarias, depresivas y con pocos amigos duplica la de violencia escolar en general. En cuanto al perfil del acosador, en el 65% de los casos se trata de chicos que en un 95% son de nacionalidad española.

Especialmente interesante con respecto a esta figura es constatar la escasa vigencia de la llamada “ley del silencio”, en la que sólo se refugia el 10% de las víctimas, mientras que nada menos que el 90% comenta el acoso con alguien. Los efectos secundarios más inmediatos para quienes sufren este tipo de violencia son sentimientos de tristeza, soledad, alteraciones del sueño o un menor rendimiento escolar.

Factores de riesgo

Existen ciertos aspectos personales, del entorno, etc. que se consideran como “factores de riesgo” de la violencia escolar, ya que aumentan la posibilidad de que ésta se produzca. En el caso del agresor, algunos de éstos son la ausencia de empatía con las demás personas, una baja autoestima, egocentrismo, fracaso escolar, consumo de alcohol o estupefacientes, maltrato familiar, malas prácticas de crianza, ausencia de sanción adecuada en la escuela para el comportamiento violento, transmisión de estereotipos sexistas, etc.

En el caso de la víctima, los factores de riesgo son escasas habilidades sociales, nerviosismo excesivo, rasgos físicos o culturales distintos, discapacidad o poca participación en actividades de grupo, entre otros.

En general, existen algunos factores de riesgo socioculturales tales como la presentación, por parte de los medios de comunicación, de modelos carentes de valores, la baja calidad de la programación, contenidos violentos, etc. Las situaciones económicas precarias o la justificación social de la violencia forman también parte de los factores que intervienen.

MOBBING

LA CANTERA DEL MOBBING (*)

Por "El pequeño David"(**)

El acoso escolar ha sido, desde algunos años, considerado por el autor como la CANTERA del mobbing, ya que la inadecuada educación recibida por los jóvenes durante sus primeros 14 años marcará sus sentimientos, y éstos, a su vez, su comportamiento socio-laboral en el futuro.

Este acoso, del que son víctimas tanto algunos profesores como algunos alumnos, está provocado, en ocasiones, por desórdenes mentales que afectan al acosador y, no pocas veces, por el desarraigo y la permisividad familiares que permiten impunemente, con el apoyo político, social y de los medios de comunicación, bien por acción o bien por omisión, la formación de jóvenes desorientados, rebeldes y asociales, que cuentan con el consentimiento o la indiferencia de sus progenitores. Éstos no sólo no toman cartas en el asunto sino que además disculpan con contumacia las acciones de sus hijos y de los alumnos.

Tienen como víctimas a compañeros de buenos sentimientos o que progresan en sus estudios o que poseen alguna tara física o psíquica o que profesan creencias religiosas distintas o que pertenecen a otras etnias o que, simplemente, no concuerdan con sus ideas o no los aceptan como líderes. Pero... ¡qué más da! podrá haber mil explicaciones pero absolutamente ninguna justificacón. Los acosados, que con frecuencia no comentan con sus padres ni con sus superiores estos sufrimientos, bajan su rendimiento escolar "incomprensiblemente" y pueden llegar al suicidio porque su entorno, aunque adverso, es todo lo que poseen.

En cuanto a los profesores, acosados por el alumnado, éstos se debaten entre sus principios, su vocación, su dignidad, su incomprensión, su indefensión, su empleo y el "reglamento político, laboral, familiar y social" que les ata las manos en aras de una falsísima libertad que, estúpidamente, les concede toda la responsabilidad pero absolutamente ninguna autoridad. El autor ha visto una grabación donde el alumno no sólo insulta al profesor sino que también le da patadas al estilo de lo que ven en las películas de violencia. El profesor no se defiende; solamente huye, porque sabe que el sistema político-educativo y social sólo le castigará a él, que es la víctima. Terminan con una baja laboral por estrés-ansiedad-depresión, de contingencia QUE DEBE SER siempre profesional y no común, y, que supone la pérdida de recurso educativos, de jornadas lectivas y de una importante merma económica para el erario público. Esto sin contar con el inefable sufrimiento que padecen los acosados y sus familiares ante la indiferencia y/o el desconocimiento general.

Los problemas para dar clase, los insultos de los alumnos, las agresiones físicas e incluso las grabaciones con móviles, destrozan la vida del profesor. El alumno hace todo lo posible por sacar de sus casillas al profesor y una vez que éste reacciona lo graba en vídeo y lo cuelga en Internet.

El autor siente una vergüenza indescriptible al redactar estas líneas, que parecen historias irreales, y cuya existencia se permite y se tolera, incomprensiblemente, con toda impunidad social.

Cuando estos alumnos, pervertidos por una educación destructiva, alcanzan el mundo laboral extenderán sus pautas de conducta entre sus compañeros de trabajo a quienes acosarán laboral, moral o psíquicamente y se cebarán en ellos hasta destruirlos al igual que una jauría de lobos acorrala y atrapa a su presa: será el MOBBING. Y el centro educativo de donde surgieron se habrá configurado como LA CANTERA DEL MOBBING.

La solución a este tipo de problemas está al alcance de la mano de todos pero, como todos los problemas de corte social, dicha solución está salpicada de obstáculos para dificultar la llegada a la meta. Dichos obstáculos son siempre el egoísmo, los intereses personales, el ansia de poder y de control, la incomprensión, la falta de sensibilidad y otros muchos muy bien conocidos pero voluntariamente ignorados.

En la vía política sólo existe el camino del voto democrático. En el caso de que el elector crea que el acoso de cualquier tipo deba ser erradicado, ya que es posible que cuando éste no le afecte directamente no tenga interés alguno en considerar su abolición, deberá votar a los partidos que estén interesados en diseñar una educación de tipo integral, y no desequilibrada, donde sea prioritaria la consideración de la persona como tal, sobre los aspectos técnicos o científicos. Donde la persona, y la dignidad de la que está revestido el ser humano, sea el fin de la educación y no un medio para trepar en la propia carrera y en la vida personal.

Deberá votar a los partidos que propugnen una política social actualmente inexistente que fortalezca a la familia, a su unidad, y, que no destruya, de las muchas formas posibles, a su descendencia. Inhabilitar esta célula básica conduce a nuestra destrucción y a una insatisfacción generalizada. Deben obviarse las ideologías que desunen la cohesión y la integridad familiares para hacer a los individuos facilmente manipulable y conseguir, así, a costa de éstos, consolidar sus propios intereses personales.

Deberá votar a los partidos que se ocupen del bien y no de la economía, ya que ésta es incapaz de generar el bien, mientras que éste, el bien, sí es capaz de generar la economía, el bienestar, la justicia, el respeto hacia el ser humano y el desarrollo social EN SU TOTALIDAD.

Por supuesto que la alternativa es no hacer nada de esto, y, si no se hace nada de esto, las cosas seguirán como siempre, ya que si quieres conseguir algo nuevo, deberás hacer algo distinto a lo que venías haciendo hasta ahora. Y aquí, el autor, no se refiere a "la gente", al "mundo" o a otras estúpidas justificaciones, en las que nadie cree, para terminar como siempre siendo "felizmente" inoperante e ineficaz. El autor se refiere exclusivamente A TI, ya que el "mundo" mejora EN LA MEDIDA EN QUE TÚ MEJORAS.

Ante las tropelías sociales, los gobiernos siempre ponen parches que son inútiles, y cada vez más numerosos, ya que nunca inciden en el foco y en el fondo del problema: la familia y su falta de fortaleza.

En la vía trascendente, las cosas no son muy diferentes, aunque sí están impregnadas de valores de un nivel muy superior. Contra una política de desarraigo y de destrucción familiar, que tiene como único fin vengarse de nuestro Creador, un Dios bueno al que no suele aceptarse por los innumerables y endémicos escándalos e infidelidades del hombre creyente, como justificación inteligentemente injustificable, y de rechazo de las virtudes fundamentales e intrínsecamente buenas como son, por ejemplo, la honradez y la castidad, debe establecerse "el amor entre todos los seres humanos tal y como Dios nos ama". Debemos oponernos a continuar construyendo un mundo hedonista y desequilibrado donde sólo importa el placer y donde prospera en mayor medida la técnica que el crecimiento espiritual. Sabemos que "sin la ayuda del Creador NADA puede construirse" y, al margen de Él, seguimos queriendo hacer y deshacer de forma tan continuada como inútil. En este terreno sólo puede decirse que "el que tenga ojos para ver que vea" y "el que tenga oídos para oír que oiga".

Como se ha resumido, en el titular de este escrito, el acosador escolar terminará convirtiéndose en el acosador laboral, cuya lacra social seguirá incidiendo en los trabajadores carismáticos, honestos y eficaces a los que debe destruirse para trepar y alcanzar cotas que, sin auparse sobre sus cabezas, nunca podrían conseguir sus compañeros deshonestos pero mediocres.

Los acosadores escolares conseguirán en el futuro lo que consiguieron en el pasado: la ansiedad-depresión de la víctima, su baja laboral, y, además el autodespido del trabajador honrado, en la empresa privada, y, el traslado del puesto o del lugar de trabajo, en la empresa pública.